De paseos en elefante y felicidad

Ojo de Pez

Cuenta la leyenda que el valle de Katmandú fue en sus orígenes un hermoso lago en el que flotaba una flor de loto de la que emanaba una mágica luz. El patriarca chino Manjushri decidió, ante tanta belleza, drenar el agua del lago para que la flor se posara en el suelo y utilizó su espada para cortar la pared que encerraba el valle y permitir que el agua saliera. En el lugar que el loto se posó, el patriarca construyó un templo, la stupa de Swayambhunath y un pequeño pueblo de madera denominado Manjupatan. Tal vez la leyenda no lo es del todo porque los geólogos han comprobado que el valle estuvo en la antigüedad cubierto de agua.
Nepal es un país de bellos templos. Las pagodas de varios pisos con tejados superpuestos recubiertos de cobre barnizado de bronce y las stupas, lugares sagrados de gran tamaño que guardan las reliquias de los dioses son junto a shikaras las muestras más importantes de una arquitectura que, al igual que las danzas populares y la música se pueden disfrutar en cualquier rincón del país.
De Nepal recordamos el duro pero obligado viaje hasta llegar a la jungla, en el denominado Terai interior, un espacio natural protegido por la UNESCO por su rica flora y su sorprendente fauna. También los paseos en elefante hasta las charcas de los rinocerontes y las aves de corral sacrificadas a los dioses. Pero lo que nunca vamos a olvidar es la sonrisa de sus gentes. Tan humildes como felices.